La guerra
Emigración y bombardeo
EN realidad yo no me había dado cuenta de ella, aun cuando se hablaba a diario desde sus comienzos en mi casa, hasta el verano de 1873.
Antes de ese momento, si, oía yo hablar de partidas, encuentros, lugares, pueblos y jefes de ambos bandos que yo no conocía. Se veían más soldados, había a veces alojados en las casas y se notaban aires belicosos por todas partes; pero en los primeros años todo eso era más divertido y variado que triste, y nada capaz de producir preocupación.
Pero aquel mes de Septiembre de 1873, mi segunda madre Pruden Jane estaba pasando unos días en Portugalete, cuando una tarde fueron todos los bañistas y habitantes sorprendidos por un furibundo ataque carlista, que tuvo a mujeres y niños recluidos en los sótanos del Hotel de Calvo y demás del Muelle nuevo y por muchas horas, mientras en las alturas del pueblo y sus inmediaciones se batían duramente las tropas en nutrido tiroteo.
En un momento de descanso, y por la noche, pudieron los refugiados salir en botes y vaporcillos y venirse a Bilbao, aun tiroteándoles a su paso desde varios puntos de las orillas.
La llegada a Bilbao fué impresionante, pues la alarma de todas las familias era grande, y no olvido la llegada de Pruden y el relato de sus apuros y ansiedades.
Pocos días después, y ya formado el batallón de Auxiliares, una noche, inolvidable, hubo una alarma en Bilbao mismo y sonaron las cornetas en la calle llamando a nuestros hombres.
Se debió de temer algún ataque o sorpresa y, por tanto, algún encuentro inmediato. Allí fué el primer gran apuro de las mujeres. En
la casa de la calle de la Estufa, en que yo vivía, y en el piso de en-