éxito que hoy, después de más de cuarenta años, celebro todavía.
¡Qué de extraño tiene que aquellos recuerdos sean tan agradables!
Después de la temporada de Villaro, hacíamos excursiones a otros balnearios y a otras fiestas, como a Zaldívar o Marquina.
En una fiesta del Carmen, recuerdo salimos para este último punto en caravana varios amigos; desde Durango fuimos en una diligencia, y en lo alto y cantando se hizo corto el camino. Al llegar y bajar del coche, y mientras saludábamos a amigos marquineses, los «Ené Jaungoicoa» de una aldeana, nos hicieron saber que Luis Aznar, que había venido sentado arriba muellemente sobre una cesta, había reducido a polvo cientos de azucarillos, que la pobre ponchera no podría vender disueltos, agitando la caña rota en la romería. La indemnización fué seria, como fueron nuestros apuros después, cuando para visitar al Sr. Barón de Aréizaga, que nos invitó amablemente a un concierto por la noche en su casa, vimos que nuestras camisas no estaban presentables; Juan Carlos de Aréizaga, futuro Barón y nuestro amigo, pudo prestárnoslas a los más flacos, como Joaquín Arisqueta, Juan C. Gortázar, Javier Arísqueta y yo; pero Luis Aznar tuvo que ir, con aires de señor antiguo, con cuello casi suelto y corbata arrollada en tres vueltas para disimular; ello no le impidió cantar en el concierto, alternando con otra distinguida aficionada llamada Carolina que también cantó.
Por la noche, en la fonda, pasamos una noche inolvidable, de cuentos, versos y bromas y con convulsiones de risa de Luís, como de estallar, al recitarle las aleluyas del caso, y de las cuales hoy sólo recuerdo una que decía:
Hugonotes con propina
cantó amable Carolina.
Y Luisón, amabilísimo,
contestó en italianísimo.
También las playas tenían sus salones.
En Portugalete, y en el balneario viejo de madera, había un salón de reunión y un piano que servían de centro de tertulia y baile a la colonia veraniega.
En Las Arenas, por aquellos tiempos, se pidió a Noruega el famoso casino de madera, que estuvo colocado junto al muelle, y que