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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

sociales, que llenaban por completo las calles por donde se verificó la conducción. En el cementerio de Tiriego se unieron a las personas que acompañaron hasta allá al cadáver, los seminaristas de Corbán.

Durante los funerales, el espacioso templo apenas era suficiente para contener a la multitud de personas de todas las clases sociales que asistieron a las exequias. Hallábase presente en los funerales el Excelentísimo Señor Obispo; el clero de la ciudad tenía allí una representación numerosísima, como la tenían también todas las clases sociales, pues el vecindario entero tomó parte en este homenaje rendido a la memoria del ilustre finado.

* * *

No pocas veces ocurre en la vida del hombre; inteligencias de primer orden, talentos esclarecidos y hasta voluntades firmes que, conociendo las más complejas cuestiones del saber humano, podrían prestar grandes servicios a la Humanidad, quedan olvidados, postergados, obscurecidos. En cambio, medianías, hombres de cultura superficial, aunque de vanidad muy honda, brillan y brillan en medio de un mundo donde todo se gradúa por la apariencia, el exterior y la forma.

Fijaos en la política, en las letras, en los altos puestos, en los honores, en las prebendas, en la dirección de los más fundamentales organismos, en los empleos altamente remunerados, en la prensa, en los negocios más o menos financieros, en los cargos, en una palabra, en todo aquello que supone elevación sobre el nivel medio. ¿Quiénes van, por lo general, a la cabeza de los negocios públicos, de la vida pública? Por lo general, medianías, nada más que medianías.

Es indudable que existen raras excepciones. Es ver-