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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

dad, pero son muy pocas; y ellas, la mayoría de las veces, aparecen esencialmente impopulares. ¿De dónde viene este fenómeno? ¿De qué depende que habiendo admirables inteligencias en la vida ordinaria de la nación, éstas no brillen como debieran? A mi entender, son tres principalmente sus causas. Primera la posición social. Segunda, la falta de orientación de los padres en la educación de sus hijos. Tercera, la injusticia ambiente. Por un fenómeno social difícil de indagar en sus verdaderas causas, la falta de posición social es patrimonio, por lo general, de las inteligencias claras. Al revés de lo que sucede con los afortunados.

Sea porque no les importa el estudio de las más fundamentales cuestiones, o porque no reúnen condiciones, es el caso que rara vez el rico aparece como investigador y escudriñador del fondo social de los problemas. No es el momento este de ahondar sobre una nueva cuestión que de suyo ocuparía múltiples páginas. Solamente apunto la idea de que en el mundo, en la vida nacional, en el ambiente social, son muy pocos, poquísimos, los que están donde en realidad debieran estar.

Una inteligencia industrial se hallará, a lo mejor aburrida bajo el peso de una labor oficinesca porque su posición humilde le obliga a semejantes menesteres. Un genio político, una vocación de apóstol, envuelve a su voluntad el tráfico de una entidad industrial, a la que tiene que dedicar lo más florido de su vida y los más grandes arrestos de su existencia. Una capacidad financiera está absorbida por la orientación militar que la vanidad o el interés de sus padres se empeñaran en conducirle por las glorias guerreras. Y hasta se da el caso, ¡triste, tristísimo caso!, de que el carácter de un temperamento alegre, bullicioso y mundano, lo estrujaron bajo los pliegues, a lo mejor, de la santa sotana del sacerdo-