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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

prendiendo el P. Vinuesa, como desprendía, las consecuencias, de principios morales absolutamente inconmovibles, no era posible que los socialistas, y con los socialistas el leader Pablo Iglesias, dijeran de él lo que Voltaire dijo de Massillon cuando hablaba de moral cristiana: que no la temían.

Pero, en cambio, el obrero no político, el obrero amamantado, desarrollado y educado en las salvadoras enseñanzas de la Iglesia, y que siente aversión hacia la glacial doctrina y la esperanza animal y materialista del Socialismo, ese veía en el P. Vinuesa un salvador del obrero, un corazón amante de él y conocedor admirable del espíritu gangrenoso que va corroyendo nuestro siglo y las épocas modernas. Y en este sentido, podemos incluir al P. Vinuesa entre los oradores sociales, entre los oradores que pusieron el dedo en la llaga moderna, entre los oradores que se ocuparon tenaz y firmemente de la cuestión social, de la cuestión obrera, o como quiera llamársele.

Bellos razonamientos sobre la religión, dice Fenelon en sus «Diálogos sobre la elocuencia», cuando se ocupa de los sermones de Massillon, como haciendo ver que los considera poco fundamentales, poco filosóficos; del mismo modo que Jules Lemaitre pone en duda no pocas veces la religiosidad sincera de Chateaubriand. Uno y otro consideran a Massillon y Chateaubriand como dos temperamentos acomodaticios, transgresores, casi abdicando de principios inconmovibles; y retóricos por excelencia. En la oratoria sagrada española, efectivamente, la retórica juega un papel principalísimo, a veces hasta demasiado palabrero; pero pocas veces, ninguna, llega a la débil argumentación y a la ausencia doctrinal de Massillon cuando habla sobre «La Verdad de la Religión». Y mucho menos podremos señalar debilidad doctrinal,