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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

ni ausencia de verdad teológica y filosófica en las conferencias y obra oratoria del P. Vinuesa.

Si bien es verdad que acude a textos socialistas para llevar al convencimiento del obrero la verdad de cuanto afirma, se dirige y entresaca en la misma forma que el minero se dirige al mineral, para arrancarlo de las entrañas donde guarda su riqueza, para encauzarlo más tarde, para lavarlo después, para convertirlo en hierro, para fabricar planchas en medio de densísímas temperaturas, y para construir más tarde esas enormes corazas que defenderán en medio del océano inmenso e insondable acaso, el destino, la integridad y la enseña flameante de la Patria.

Pero ¿quedan carbonizadas sus manos en medio de ese proceso industrial tan complicado?

No. Más fuertes, más musculosas, más atléticas aún, para el campo de la pelea.

Pues bien, esto mismo ocurre con el modo de tratar la cuestión social del P. Vinuesa. No podremos decir lo mismo de Massillon; tampoco de Chateaubriand; tampoco de otros muchos publicistas y oradores. Leed el sermón sobre «La limosna», de Massillon. ¿Queréis decirme si no existen pasajes peligrosos imposibles de colocarlos ante las inteligencias exentas de sólida preparación? ¿Queréis negarme que allí falta la debida claridad en el desarrollo del principio sustentado, poco menos que inconcuso? ¿Queréis negarme a su vez que allí existen analogías doctrinales con el enciclopedismo francés? Nadie podrá negarme seguramente esta observación espiritual que yo hago resaltar en estos momentos, así como yo tampoco puedo negar que discurriendo de un solo modo, en una sola pieza, en un sentido de abstracción, tanto en el «Contrato Social» de Rousseau, como en su «Discurso sobre la desigualdad social» y el