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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

pensamiento de Massillon, exista un fondo de verdad.

Pero ¿puede sostenerse ésta sin desentrañar debidamente, fuertemente, quirúrgicamente, los arcanos del hombre y de las sociedades por él formadas y mantenidas a través de los siglos con todo el encadenamiento inherente de hechos, vidas y sentimientos de continuadas generaciones?

¿Puede sostenerse tan solamente en las generalizaciones históricas y menos aún en las generalizaciones de una lógica, que no resiste el menor análisis en cuanto ella desciende a las amargas, a las tristes, a las incontrovertibles relaciones que necesariamente surgen y surgirán, mientras el mundo sea mundo, en la realidad viviente, en la vida corpórea, palpitante y real?

Pues de ahí viene el peligro de ciertas categóricas afirmaciones que se observan, no tan sólo en la oratoria de Massillon, sino aun también en algunos otros oradores, como, por ejemplo, el P. Didon. El P. Vinuesa, aunque para conocimiento exacto de la materia bebiera acaso en las fuentes de Rousseau, de Voltaire o de los demás enciclopedistas franceses, se cuidó muy bien en sus conferencias de exteriorizar siquiera la menor concomitancia con aquellas teorías. Veámoslo.

Rousseau, en su «Discurso sobre la desigualdad», atribuye al trabajo y especialmente al hierro y al trigo, mejor dicho, a la metalúrgica y agricultura el pecado original de toda la actual civilización y esclavitud del ciudadano. Dice así: «Para el filósofo, son el hierro y el trigo los principales civilizadores del hombre y la perdición del género humano». Y razona al momento en la siguiente forma: Desde que los hombres se hicieron necesarios para la fundición y forja del hierro, fueron necesarios desde luego otros hombres para alimentar o dar de comer a los primeros. Es decir, comenzó la