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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

era de lo Mío y lo Tuyo, o sea el Derecho y el Deber. Y por una lógica indubitable viene a surgir al momento la idea de la propiedad conducida por la idea de la justicia, principios ambos en pugna con el origen libertario individualista ipso facto de la existencia del hombre que defiende Rousseau.

Si bien es verdad que en el «Contrato Social» defiende la idea de la participación de la sociedad en los bienes individuales, fundamentando con esto el ideal colectivista moderno, también es verdad que, en cuanto a la propiedad se refiere, encuéntrase mayor claridad del pensamiento rousseauniano en el discurso antes citado en el «Artículo sobre la Economía política», en las «Consideraciones sobre el Gobierno de Polonia» y en las «Cartas sobre la virtud y la felicidad»[1], y en todas éstas afirma el hecho de propiedad, el hecho de posesión, la forma de derecho, la civilización, en una palabra, aunque él maldiga la civilización desde los mismos orígenes prehistóricos, desde el mismo instante en que la desnudez del hombre nacido le obligaba por mero instinto de conservación al ideal de la apropiación.

¿Se ha corrompido para Rousseau esta manera bárbara de adquisición?

¿Son la industria, el comercio, las riquezas, las ambiciones del hombre las que han hecho de su mismo sér un sér desgraciado, obsceno y en continuo sufrimiento, de ideal acaparador?

Esto es lo que ya no podemos analizar, por salirse de los límites trazados en nuestro trabajo. Pero en la teoría de Rousseau, en el modo de discurrir sobre el hombre y la civilización moderna, no aparecen más que derechos, siempre derechos, en cada página mayor acu-
  1. «Obras y correspondencia inéditas de J.J. Rousseau». Rodet.