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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

una sociedad que iba a perecer a pasos de gigante, con sus vicios, cobardías, incredulidades, indiferencias, abyecciones y apostasías sin cuento. Si hubiese vivido en aquella época en que todo un pueblo francés se había adormecido bajo la influencia del filosofismo enciclopédico, abandonado los ideales monárquicos, mirando con indiferencia rayana en la grosería la muerte de Luis XV y yendo más tarde del brazo incendiario y asesino de la revolución, el P. Vinuesa hubiese seguramente empleado su talento y su oratoria en combatir los vicios y concupiscencias de aquella sociedad.

El P. Vaughan lo hizo así en Londres desde el púlpito de la Inmaculada Concepción, combatiendo los vicios de la sociedad ultraelegante de Inglaterra, y presagiando para la gran potencia europea días tristes de decadencia y disolución. Parece que las predicciones del P. Vaughan con su maravillosa elocuencia se van cumpliendo de día en día, pues actualmente Inglaterra atraviesa un período de una terrible decrepitud interior.

El P. Vinuesa, en España y desde uno de los púlpitos de Madrid, podía haber combatido el mal uso, el injustificado uso que por una buena parte de la sociedad española se hace del dinero y de las riquezas; pudo haber combatido los vicios más salientes de la actual sociedad, pudo haber hecho un análisis social y psicológico de la idiosincrasia española. No lo hizo. Su labor marchó por derroteros distintos, y como hemos visto antes, se dedicó a la cuestión social bajo el punto de vista obrero. El jesuíta inglés P. Vaughan perteneció a la escuela de los excelsos patriotas que formaron los Beaconsfield, Pitt, Palmerston y otros como Chamberlain.

¡Quién sabe si el P. Vinuesa, de ser España una nación no tan perseguida, ni tan intolerante por el ideologismo avanzado, ni tan amenazada por la intransigencia