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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

del radicalismo y del socialismo, no hubiese formado una pléyade de gobernantes, hombres serios y capaces que constituirían en la actualidad como los fundamentos de la gobernación del Estado!

Pero no; no pudo ser. Su labor fué extremadamente callada, aunque soberanamente artística y culta. Los límites de este ligero estudio biográfico no nos permiten continuar en mayor número de consideraciones sobre la personalidad ilustre bajo todos aspectos del P. Vinuesa. Sólo lamentamos que aquella labor suya de artista, de orador y de apóstol, haya dejado de llegar al corazón mismo del pueblo para que, cristalizada su doctrina en en la realidad, surtiera los efectos que la propaganda realiza en las inteligencias y orientaciones de los pueblos.

Lamentamos que la Compañía de Jesús, los mismos donostiarras, paisanos suyos y entusiastas del gran orador, hayan carecido de una preocupación siquiera, en la difusión de su doctrina y en el alcance de sus trabajos como orador. De aquí a unos años sólo quedará una remotísima idea de lo que fué el P. Vinuesa, y cuando las generaciones sucesivas quieran saber el intelecto de los donostiarras y se encuentren con el fortísimo del P. Vinuesa, pero sin producciones suyas publicadas, sin su gran saber divulgado, preguntarán acaso para conocerle con el cariño remoto de la lectura y asimilación intelectual: ¿dónde está la labor del P. Vinuesa? ¿Quién responderá?

* * *

Terminaremos ya estas líneas con algunas anécdotas referentes a la infancia y vida del gran orador.

Era el P. Vinuesa alto de estatura, ojos azules y rostro de un débil sonrosado, nariz de corte aguileño, aunque redondeada, frente espaciosai y un conjunto todo él