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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

compañeros daban clase con el célebre D. Vicente Manterola, cuando éste explicaba lecciones de latinidad y humanidades en San Sebastián. En la calle Narrica existía en aquel tiempo un hojalatero que se llamaba Ortiz. Ramón, que era de carácter más jovial, más dicharachero y amigo de dar bromas, se reunía con varios otros compañeros después de clase, y al pasar por delante de la hojalatería, no se les ocurría otra cosa más que llamar gritando «Ortiz, hojalatero de Paríss.....» a la puerta de la hojalatería, y apretar a correr.

Como esto lo hacían todos los días y el público se apercibió de aquella tomadura de pelo al pobre hojalatero, éste se amoscó y, enfureciéndose, uno de los días prometió vengarse. En efecto, calculó Ortiz la hora en que los estudiantes cometían la hazaña, y, apostándose al pie de un banco, sin que de fuera le viesen, esperó la «acometida».

Dicho y hecho. No habían transcurrido muchos minutos, cuando Ramón Vinuesa con sus compañeros dieron, al pasar frente a la hojalatería, el consabido grito de «¡Ortiz, hojalatero de París!.....» Oir esto Ortiz y echar a correr tras los estudiantes, todo fué uno. Los estudiantes, que no esperaban la emboscada, medio asustados, corrieron como alma que lleva el diablo por las calles de la actual población vieja.

Pero, en el trayecto, a Ramón se le cayeron los libros. Ortiz, que ve esto, va y los recoge, volviéndose tranquilo a su casa. «¡Ahora es la mía!», diría Ortiz para sus adentros. Y claro está que el conflicto fué para Ramón, que al día siguiente se encontraba sin libros para entrar en clase.

La solución le parecía algo difícil, aunque, por otro lado, se disponía a dar todo género de explicaciones al bromeado hojalatero. En esto, el hermano de Ramón,