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De Iturriak
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BENITO DE LERSUNDI

gravemente herido en el brazo derecho, de bala de fusil, y el 14 de Enero de 1794, concedióle S. M. el grado de capitán.

Apenas fué curado, y sin restablecerse del todo, se incorporó al momento a su batallón, y el 18 de Mayo encontrábase de nuevo en el ataque sangriento sobre la Loma verde. Afortunadamente Lersundi no tuvo percance alguno en este combate. Pero de nuevo suena el clarín de la pelea. El bravo capitán quiere unir a sus recientes triunfos, otros más generosos y más eficaces si pudiese, por la patria que le vió nacer; y el 23 de junio vuelve a ser herido en la mano izquierda con motivo de la batalla que su ejército libró sobre el Diamante, así como también vierte su sangre en el combate de Anacoleta.

Parecía que cuanto más dolorosos eran los sacrificios de Lersundi, más y más se encariñaba con ellos, y a manera de aquellos grandes capitanes de la Edad Media, que desconocían distancias, precipicios, hambre, sed, cansancio, en fin, cualquier género de calamidades, con tal de triunfar aun en el confín del mundo por la bandera patria, así también Lersundi, herida sobre herida, batalla sobre batalla, continuaba exponiendo heroicamente su vida con tal de colocar bien alto el pabellón de la patria, pobre y combatida.

¡Valeroso Lersundi! ¡Capitán heroico de las milicias nacionales! Por dos veces le hieren con bala de fusil en dos acciones consecutivas y apenas transcurre un mes cuando ya de nuevo corre a la pelea, y su actividad militar apenas se detiene un momento. Va de campo en campo. De acción en acción. Su espada apenas se enfunda. Lo mismo resplandenciente bajo los áureos toques de los rayos de un sol de mediodía, como goteando bajo las persistentes lluvias de los temporales norteños, el acero