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De Iturriak
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BENITO DE LERSUNDI

otorgado un retiro sin él solicitarlo y teniendo en cuenta aquella vida de azares, penas y fatigas sin cuento llevada hasta entonces por el valiente militar donostiarra.

Habiendo capitulado en San Sebastián el Regimiento Provincial de Salamanca, fué comisionado el comandante Lersundi para conducirlo a su provincia el año 1823. Ya el año de 1824 Lersundi fué nombrado comandante de Armas de la plaza de Vitoria, y más tarde, desde los años 1825 a 1833, en servicio ordinario, a la de Tolosa. En ambas poblaciones, el comandante Lersundi demostró que no sólo fué un gran militar, valiente, decidido, arrojado e inteligente, sino un buen gobernante y un ilustre patricio que supo vincular a la perfección el espíritu del fuero militar con la diplomacia necesaria en sus relaciones civiles.

Que esto, no pocas veces suele ocasionar y dar lugar a incidentes nada agradables, cuando se tropieza a veces al frente del gobierno de los pueblos con personas y caracteres que mantienen la fuerza como vehículo de todo derecho y de toda ley. Lersundi era siempre carácter pacificador de los espíritus, y aun en los tiempos y períodos más agudos de la guerra, propendía a tranquilizar y allanar voluntades. Este carácter asequible, a la vez que noble y franco, hizo de él un personaje respetado por los de abajo y muy querido por los de arriba.

Dice uno de sus biógrafos «que el mismo año de 1833, hallándose en el desempeño de su cargo de Tolosa, acaeció la muerte del monarca: Lersundi decidióse al momento y con el mayor entusiasmo por la causa de su augusta hija y fué uno de los jefes que primero desenvainaron su espada en contra de las huestes carlistas. El año de 1834 fué nombrado Ayudante general de la División de Guipúzcoa y hasta el mes de febrero tomó parte en distintas acciones de guerra, en la vanguardia,