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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

retirándose poco después hasta el 3 de Julio, en cuya fecha marchó de gobernador a Salvatierra. En un artículo biográfico que se escribió el año de 1853 en Madrid, decía que el cargo de Ayudante general de la División de Guipúzcoa le fué otorgado a Lersundi por el General Castaños, con quien al parecer le unían grandes lazos de amistad.

En Salvatierra, Lersundi se encontraba con dos compañías de reclutas del Regimiento de San Fernando y algunos milicianos nacionales. No obstante, Lersundi se portó como un verdadero héroe en los sucesivos y constantes ataques de que era objeto por parte de los carlistas. Aquella guerra que asoló nuestros campos, tiñendo de sangre los alegres riachuelos y las tranquilas regatas; que con una potencia tristemente extraordinaria, desarrolló la raza euskalduna su arrojo y su fiereza inauditas, dió motivo a Lersundi para demostrar una vez más sus aptitudes y su genio militar. Y es que también Lersundi, como sus enemigos, como todos aquellos que peleaban por una bandera fundamentalmente enemiga a la que él defendía con su espada, era de la misma raza, y hervía también en sus venas la sangre noble y generosa del basco.

Lersundi fué atacado distintas veces con furia, y con aquel bélico entusiasmo que caracterizaba a las masas y ejército carlista. No se acobardó, ni capituló por ello, sin embargo. Tantas veces era acometido, otras tantas rechazaba a sus enemigos, en los que había verdadero empeño por tomar a Salvatierra. Llegó un momento bien peligroso por cierto para el valeroso donostiarra. Cansadas sus fuerzas y en algunos momentos hallándose escaso de municiones y de víveres, en peligro constante ante las embestidas carlistas, el desaliento parecía hacer presa sobre el ánimo de sus subordinados. Gracias a la