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De Iturriak
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ANTONIO ARZÁC

nas; el verdor de las encinas y los aromas delicados de los floridos valles, campos y selvas; el concierto unísono de los pajarillos, las brisas y las hojas, y que las mismas auras, brisas y flores hubiesen seguramente aclamado ante su paso al poeta, aquel Arzác se encerró entre cuatro paredes, media docena de pergaminos y, cual avecilla que al perder la amplia libertad que el Creador al nacer le diera, enmudece en la prisión de las varillas de una jaula, para lanzar apenas un melancólíco pío, así también Arzác puede decirse que enmudeciera al entregarse en brazos de los libros, de los librotes polvorientos de la Biblioteca Municipal.

Fué director de la Biblioteca Municipal y director también de la revista Euskal-Erria. Al fin y al cabo se encontraba entre dos cosas del país aquel corazón que por entero se dedicó a él. ¡Pero cuán distintas de las que a él le correspondían! ¡Y, sin embargo, trabajó!

Para entonces escribió ya numerosas poesías que, desperdigadas hoy, yacen en el olvido. No fueron, sin embargo, de las menos inspiradas. A la muerte del malogrado autor del «Cancionero Basco» D. José Manterola (q. e. p. d.), fundador y propietario de la veterana revista Euskal-Erria, Arzác se hizo cargo de su dirección y emprendió con vigor la labor comenzada por Manterola. Al poco tiempo de hacerse cargo de la revista Euskal·Erria, emprendió una obra patriótica, olvidada por la inmensa mayoría de los donostiarras.

Fué ésta la publicación, el año 1887, de la «Historia de San Sebastián», escrita por el Dr. Camino, que apareció por primera vez en la revista Euskal-Erria, y más tarde se hizo una edición, el año 1892, con el título de «Historia Civil Diplomática·Eclesiástica, antigua y moderna de la Ciudad de San Sebastián, por D. Joaquín Antonio de Camino y Orella, Presbítero».