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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Innumerables son los artículos literarios allí escritos tanto en prosa castellana como en su lengua nativa; innumerables también las poesías originales que allí publicó. Su labor como director y continuador de la obra de Manterola fué intensa y sucesiva. Alma de las fiestas euskaras, a él se debe en gran parte su conservación con el carácter inherente a toda manifestación del sentimiento basco; él, con el Consistorio de Juegos Florales y con el cuadro dramático «Euskaldun-Fedea» fomentaron y cultivaron la única fiesta de carácter puramente basco que ha existido en el país hasta nuestros días.

Arzác, como poeta, publicó varios poemas en otros tantos folletos. Merecen citarse los siguientes:

El año 1894, el titulado «Zerura» (Al Cielo).
En 1897, el titulado «Joshe» (José).
En 1898, «Sufritzen» (Sufriendo), continuación y como remate de «Joshe». Y en 1900, «Amona» (La Abuela).

En todos ellos Arzác exterioriza una rica y variada fantasía, un sentimentalismo elevado, sin afeminamientos ni rebuscos, una observación de la vida y psicología bascas, muy difíciles de ser superadas por poeta ni escritor alguno.

De entre ellos destaca por su sentimiento patriótico el titulado «Sufritzen». Hay en este poema algo grandemente inspirado entre melancólico y resignado; entre valiente y heroico a la vez. Hay rasgos de psicología que solamente un Arzác, nacido en medio de nuestro paisaje tierno y risueño, de alma netamente euskalduna, podían atisbar.

¡Y qué matices tan delicados! ¡Qué detalles de tierna exquisitez! ¡Qué fluidez y finura en el decir! Los versos de Arzác en este poema recuerdan, si no