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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

ejemplos dignos de imitar en la tierra, y continuaba su labor.....!!

Una mañana escuchó el canto de un humilde, de un trabajador. Prestóle oído, y al momento comprendió que se trataba de un canto bascongado. Oir aquello, sentir latir en su alma la vibración del sentimiento de toda una raza y ponerse a exteriorizar ese sentimiento, fué cuestión de minutos. Fruto de aquella inspiración es el artículo suyo «Boga, Boga, Mariñelak», que por excesiva modestia suya lo conservó inédito, hasta que a ruegos de D. Benito Jamar (q. e. p. d.) hizo que lo permitiera publicar en la «Biblioteca Selecta de Autores Bascongados» el año 1896.

Tiene este artículo todos los encantos y toda la exquisita ternura de sus producciones poéticas, y precisamente porque aun en prosa guardaba Arzác esa innata sencillez de su alma toda, lo transcribimos para solaz de nuestros lectores; dice así:

«Amanecía..... Yo soñaba entre las brumas de nuestro Cantábrico, cuando empecé a notar perezosamente acentos que poco a poco iban entregándome a un nuevo día, quizá el último (fué lo primero que se me ocurrió) de mi peregrinación por la tierra. El canto era varonil a la par que delicado y senlidísimo, y en seguida abrí los ojos. ¡Qué despertar más grato!..... Mi oración matinal se redujo a pedir a Dios la difusión de los cantos euskaldunas, como rocío benéfico para nuestras almas. ¿Y quién cantaba de aquel modo? No tardé en averiguarlo: era un albañil, honrado hijo del trabajo, hombre de familia, que adora a su mujer y a sus pequeñuelos, y que mientras éstos duermen, para proporcionarles el pan de cada día comienza sus faenas, saludando al Creador con esas notas llenas de ternura, que son una necesidad para su espíritu senci-