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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

guiente, que si para algunos demuestra un exceso de patriotismo, un romanticismo acaso, para los que le conocíamos a Arzác, era la manifestación externa de un corazón abierto y dolorido por la pena.

Corría el año 1876, cuando en medio de un clamoreo incesante de una nación atrasada y de unas regiones envidiosas y celosas del bien ajeno, Cánovas del Castillo se vió en la necesidad de abolir los Fueros sacrosantos del país euskalduna, aquellos Fueros constitutivos de la felicidad y bienestar de toda una raza.

Arzác que vió aquello con la indignación propia de su carácter y con los ojos arrasados en lágrimas, ya que por sí mismo no pudo llevar la protesta en otra forma, perpetuó su duelo cual si se tratara de una enorme desgracia de familia, y arrancándose la corbata de color que ceñía su impecable camisa, la sustituyó por una negra; y así, con su corbata negra continuó en eterno duelo hasta el momento de su muerte.

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No perdía momento ni oportunidad para exteriorizar su sentimiento de basco y hacer resaltar la felicidad de este país durante su época foral.

En cierta ocasión, el malogrado, cuanto elocuentísimo orador político y jefe de Gobierno Excmo. Sr. Don José Canalejas y Méndez, era Ministro de Fomento. Canalejas, que siempre sintió un intenso cariño por la capital donostiarra, donde posee magnífico palacio, dominando el paisaje de la bahía de la Concha, visitó la Biblioteca Municipal.

Después de recorrer la sala, fijándose con sincera atención y examinando con detenimiento el catálogo, que a la sazón se hallaba recién terminado, fijóse el Ministro