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De Iturriak
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ANTONIO ARZÁC

en un libro viejo, pero que se hallaba muy bien cuidado y en un lugar preferente.

Al preguntarle D. José Canalejas por aquel ejemplar raro para el Ministro, Arzác con la faz risueña y como si hubiese esperado aquel solemne momento, para dar fe de su culto a los Fueros, contestó:

-Señor Ministro: ese libro viejo, pero sagrado, es el libro de este País; son los Fueros Bascongados.....

* * *

Su bondad, su lealtad para los amigos y aquel gran corazón que nació sólo para amar, lo comprueba el siguiente detalle:

Hallábase enfermo de algún cuidado el autor de este libro, que por aquellos tiempos colaboraba constantemente en la revista Euskal-Erria, y por lo tanto, su trato era frecuente con Arzác. Uno de los días en que la enfermedad se estacionó, Arzác marchaba solo, camino de Rentería.

Encontróse con otro amigo y al saludarse los dos, el amigo notó en Arzác cierta preocupación, cierta tristeza visible en su rostro.

No lo pudo evitar. Le preguntó su causa.

Y Arzác, todo cariño fraternal para los que le trataban, sin poder reprimirse y con los ojos bañados en lágrimas, contestó:

- Un amigo de mi alma; un colaborador de mi revista, a quien quiero con filial cariño, está bastante enfermo. Voy a Lezo; voy a rezar al Santo Cristo...

No pudo hablar más y despidióse del amigo. Arzác, al llegar al histórico Santuario, compró una vela, la colocó él mismo ante el altar, la encendió y se puso a orar...

* * *