Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/167

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
149
ANTONIO ARZÁC

casi completo, el día de su aparición se echaba encima. Arzác no recibía el sermón. Fué un trance terrible.

El buen Arzác no sabía qué decir ni cómo justificar ante los lectores de la revista la no publicación del sermón. Redactó unas cuartillas dando explicaciones al público; pero, creyendo acaso que el Sr. Azkue se molestaría, llamó en consulta al entonces miembro del Consistorio de Juegos Florales D. Toribio Alzaga.

Alzaga le hizo advertencias pertinentes al caso; pero Arzác, que ya no quería perder más tiempo, publicó las cuartillas escritas, que más tarde le parecieron habían de molestar al autor del sermón. Seria seguramente el único acto de su vida que presintió había de molestar. Días más tarde expiró en su lecho, como antes lo acabamos de decir.

A su muerte, sentidísima en todo el país, pero especialmente en San Sebastián, la Prensa dedicóle numerosos artículos necrológicos. Su cadáver fué llevado en hombros por individuos de la Sociedad «Euskaldun-Fedea» y el Orfeón Donostiarra, y a sus funerales acudió el pueblo en masa. Hoy sus restos mortales descansan en el cementerio de Polloe, como descansan también los de su gran amigo Peña y Goñi, los de Vilinch, los de López Alén, colaborador suyo en la Biblioteca y en la revista.....

* * *

Arzác fué un caballero en toda la extensión de la palabra. Sus gustos eran delicados, su afán por las cosas bascas, idolátrico; su sencillez, verdaderamente admirable. En cierta ocasión se iba a poner a votación en el Centro Católico de San Sebastián el número de obras que se podían representar en castellano y en bascuence, durante el curso de invierno.