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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Preguntado Arzác por un amigo suyo, por el número que optaba de cada lengua, respondió:

-Yo, por que todas sean en bascuence.

* * *

A pesar de su afabilísimo carácter, Arzác últimamente y aun durante casi toda su vida, no frecuentaba círculos, ni reuniones, ni menos acudía a tertulias políticas.

Su afición favorita era el campo. Su paseo, la carretera de Ayete hasta Oriamendi.

Arzác era en su físico lo que se puede llamar sin hipérbole una verdadera figura. Alto sin exageración, bien formado y de regular corpulencia; rostro que delataba la nobleza y lealtad de aquella alma, orlado de barba rubia; mirada dulce; elegante en sus modales y aristocrático en sus gustos. Arzác era un tipo ejemplar de nuestra raza. De convicciones arraigadamente religiosas, gustaba de cumplir en todo, a la antigua usanza, sin mixtificaciones ni exageraciones, que a veces redundan en menoscabo de la sinceridad en prácticas y costumbres religiosas. Así es que todos los domingos se le veía en Misa mayor, siguiendo el ritual, con su correspondiente libro.

Ser enemigo de Arzác era cosa poco menos que imposible. Y, sin embargo, ¡hubo crueles que, aun debiéndole todo, ensañáronse con aquel corazón entristecido, en momentos de cruentas amarguras! Jamás, sin embargo, salió de sus labios la más ligera murmuración. Veía cuán poco le querían los que mayores motivos tenían para ello, y con una sonrisa plácida que dibujaba en sus labios..... callaba.

Arzác, como poeta, ya hemos dicho antes que fué un lírico. Que de sus poesías, de sus poemas, encontramos el más notable, el más original y el que mejor