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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

actos públicos, ya del dominio de la Historia, sin detenernos en detalles ni en narraciones de su vida íntima, por decirlo así, aficiones, cultura, etc., etc.

Fué precisamente una época de turbaciones sociales cuando el general Echagüe se dispuso a dar su sangre en holocausto de la patria. La nación española, que, aparte de sus páginas gloriosas, ha tenido la desgracia de ver continuamente turbada su tranquilidad, en medio de guerras, asonadas y motines que trastornaron durante una larga época su vida y paralizaron el movimiento progresivo de su existencia, hallábase durante la juventud de Echagüe abocada a una guerra cruel e interminable.

Nació Echagüe en San Sebastián el 13 de Febrero de 1815, habiéndosele impuesto el nombre de Rafael en las pilas bautismales. Sus padres, Joaquín y María, procedían «de familia ilustre del país entroncada con otra , inglesa, que las emigraciones del siglo trajeron a nuestras costas del Cantábrico». De ahí su segundo apellido Bermingham.

Era entonces San Sebastián, no población y urbe veraniega como en la actualidad, sino pueblo dedicado al engrandecimiento y reconstrucción de la capilal arrasada, dcstruída y poco menos que aniquilada totalmente durante el horroroso incendio, violación y saqueo de 1813. Parecía que aquella paz iba a ser duradera, y San Sebastián, dedicado al tráfico y a la industria pesquera, con un comercio de importancia inicial, entraba en vida próspera y sosegada.

No fué así, desgraciadamente. La guerra llamada de los siete años paralizó aquel momento de trabajo expansivo, hizo limitar las aspiraciones donostiarras, y las luchas por el trabajo, por el bienestar, por la prosperidad creciente de San Sebastián fueron sustituyéndose