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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

en confines con la locura, ha sido que tras de no conocerla, sin reconocer su ignorancia, sin confesarla, y menos sin abatirla; el sentirse con valor para combatir, censurar y colocar en la piqueta a los que la conocían. No conocer y sentir. Parece una paradoja. Esto se ha hecho durante largos años. No conocer. No sentir.

Pero llegamos en nuestro preámbulo a proporciones más amplias de las que era nuestro primer propósito, y vamos a entrar ya de lleno en Jos orígenes, la formamación y la vida de Manterola. Que pronto comprenderá el lector el extraordinario mérito de Manterola como bascongado y como publicista.

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La calle de Narrica de San Sebastián fué una de las más fecundas en dar hijos beneméritos a la patria. En ella nacieron los hermanos Vinuesas; allí vivió Manterola (D. Vicente), allí nació el General Blanco, y allí también tuvo su cuna José Manterola.

El 23 de Marzo de 1849, nació Manterola, en el número 1 de dicha calle de Narrica y fué bautizado en la típica parroquia de San Vicente, la más antigua de la la capital donostiarra. Manterola descendía de familia netamente basca. Su padre, D. Gregario Manterola, que fué diputado general en época foral y hombre culto y estudioso, era natural de Lezo (Guipúzcoa) y su madre, que se llamaba D.ª Ramona Beldarrain, de San Sebastián. Familia, por lo tanto, conocidísima y muy querida espe- cialmente en aquella época de recuerdos tan gratos, y en que San Scbastián semejaba a algo patriarcal.

El joven Pepe, como así se le llamaba por sus amigos, era muy aficionado desde niño a las cosas literarias. Sus padres, que por nada querían torcer la vocación del muchacho, le llevaron a estudiar al Real Seminario de