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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

latían a unísono en la defensa patria, sentían también en conjunto el amor más intenso hacia el joven oficial, héroe y valiente como ninguno.

Así caminó Echagüe; de gloria en gloria; de batalla en batalla. Sabedor el general Rendón de los méritos, condiciones y carácter de Echagüe, llamóle a su lado nombrándole Ayudante de Campo.

Pero oigamos cómo describen plumas de aquellos tiempos la toma de los caseríos Arteaga por el ejército isabelino y la batalla estupenda de Luchana:

«Por momentos la acción se generalizaba. El temporal se acrecía; el estruendo de los fusilazos y el del continuo cañoneo apenas podían confundir los ayes de los centenares de víctimas que encontraban su sepultura entre la nieve.

Por todas partes la sangre de los carlistas y la de los liberales teñía de rojo la blanca cubierta que en aquellos terribles momentos cubría el campo de batalla; por todas partes se lidiaba con saña, ya dentro de las casas, ya al pie de los cañones, ya individualmente los soldados desmandados o perdidos por aquellos ásperos contornos; y por todas partes se tropezaba también con montones de cadáveres de hombres que, unos sobre otros, habían caído, tal como se hallaban formados, al recibir el metrallazo o la descarga cerrada de alguna compañía colocada tras un elevado parapeto.

Por todas partes, en fin, el pantalón garance de los granaderos de la guardia denunciaba, al asomar ensangrentados por entre montones de nieve, cuál sería aquella noche de horrores en que el primer regimiento se cubrió de gloria. El estruendo de tan largo como reñido combate no podía menos de tener en tortura al general en jefe del ejército isabelino, pues era de tal tamaño el resultado de aquella jornada, cuando era bastante para