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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

luchó en la toma de Castellote los días 22 y 23 de Marzo; en el sitio y toma de la plaza de Morella desde el 20 al 30 de Mayo, y en Cataluña, en la toma de Berga, el 4 de julio, donde permaneció haciendo vida militar en marchas, hasta la completa y total pacificación de Cataluña, que coincidió con la huída de Cabrera a Francia.

Terminada totalmente con esto la guerra tremenda de los siete años, que dejó al país en un estado de anemia nacional, Echagüe, tras de herida sobre herida y combate sobre combate, llegó a alcanzar un relativo descanso. El país basco, especialmente, sufrió de un modo trascendental las consecuencias de aquella funestísima guerra, en todos los órdenes de su vida política y social.

Puede decirse que desde aquella fecha de 1839 comienza su decadencia política como país personalmente gobernado. Moralmente; sus usos, costumbres, prácticas piadosas, que de tiempo inmemorial se conservaban, y lengua, sufrieron un doloroso descenso. La invasión de toda clase de gentes que inherentemente a la guerra ocurrió en el país, contribuyó de modo inevitable a la propagación del cosmopolitismo y relajación de la personalidad basca. Aquella raza, que en seculares generaciones habíase conservado en la pureza y fraternidad de un primitivo patriarcalismo, comenzó también a mixtificarse, con uniones de hombres y mujeres de pueblos y razas distintos. Y aquellos sacrosantos Fueros, por los cuales el Duque de la Victoria, en una calurosa alocución, dijo, dirigiéndose a los bascos: «Yo os prometo que se os conservarán vuestros Fueros, y si alguno intentase despojaros de ellos, mi espada será la primera que se desenvaine para defenderos», no pasó de ser una alocución, pues aquellos Fueros reci-