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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

bían al poco tiempo el primer golletazo, que en 1876 llegó a cortar por completo la yugular del organismo político euskalduna.

En relativo descanso, Echagüe, al terminar la guerra civil, continuó de servicio ordinario hasta el 1.º de Julio de 1841, después de haber visto pelear como buenos a aquel ejército valiente y disciplinado de 250.000 hombres, capaces por sí solos de llevar a cabo una de las conquistas más asombrosas.

Y, sin embargo, nada se hizo y nada contribuyó al mayor esplendor de aquel ejército aguerrido, disciplinado y fuerte.

Echagüe, por un espíritu basco que en sí lleva siempre algo de idealismo y aventura, como queriendo continuar la tradición de la historia del pais donde nació, país de célebres marinos, guerreros y militares de primer orden, pidió traslado a la isla de Puerto Rico, entonces posesión española, embarcándose en Cádiz el 19 de Agosto y llegando a la isla el 13 de Septiembre. De servicio ordinario y a las órdenes del capitán general de aquella isla, Excmo. Sr. D. Santiago Méndez de Vigo, en el regimiento de Iberia Peninsular, el descanso aquel relativo de Echagüe contribuyó y fué causa de que el pensamiento de las armas, sin trocarlo, se uniese a su vez con el pensamiento de un amor santo y puro.

Y Echagüe lo consagró a una bellísima y distinguida señorita: a D.ª María de las Mercedes Méndez de Vigo y Ossorio, hija del antes citado capitán general de aquella isla, a quien juró en los altares eterna fidelidad.

Sucedía esto el 24 de Enero de 1842, continuando su vida de militar y de casado hasta el 28 de Abril de 1844, que se embarcó para la Peninsula, juntamente con el general Méndez Vigo, de quien fué su ayudante.

El 16 de junio llegaron a Cádiz, quedando de reem-