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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

Terminada aquella campaña que tan acertadamente la dirigió el Marqués del Duero, vencido el carlismo al parecer para siempre, Echagüe, ya de Brigadier, continuó durante los años de 1850 al 53 en servicio activo de guarnición en Cataluña y Castilla la Nueva.

En 1854 estuvo en Madrid de servicio ordinario hasta el 28 de Junio, fecha en que con el primer batallón de su Regimiento del Príncipe, y por aquella especie de idolatría que siempre sintió Echagüe por el entonces Teniente General O'Donnell, emprendió aquel movimiento sobre el que no cabe formular categórica afirmación ni comentario. Solamente puede decirse y asegurar desde luego, que el Brigadier Echagüe no marchó allí con miras bastardas ni particularistas; Echagüe amaba demasiado la Patria y el Trono para que sobre él pudiera ni siquiera delinearse en sombras la más débil figura de la insubordinación.

Aquel valiente donostiarra que en cien combates despreció la vida y en otros tantos la daría seguramente por la Monarquía y la Patria, como ya pronto veremos, no era posible que un impulsivo amor propio fuese a borrar páginas gloriosas escritas con sangre y orladas con hechos de gloria inmarcesible.

El Brigadier Echagüe fué al campo de Vicálvaro patriótica, valiente y serenamente. Fuerza es reconocerlo.

Capitán general del Ejército O'Donnell y Presidente del Consejo de Ministros, habiendo visto muy de cerca los méritos de verdad que contrajo el Brigadier Echagüe, fué promovido a Mariscal de Campo, continuando desde Junio hasta fines de año en el mismo servicio de su destino. En 1855, ejerció de Comandante general del Real Sitio de Aranjuez durante la permanencia de SS. MM. Y así continuó en el mismo servicio hasta fines de julio, que debido a las insurrecciones y sublevaciones militares