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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

en la plaza de Zaragoza, tuvo que marchar sobre ella al frente de una división expedicionaria del Norte y allí prestó grandes y señalados servicios al frente de sus tropas, hasta que los insubordinados se sometieron al Gobierno de S. M.

El Mariscal Echagüe y el General Dulce encontráronse en Zaragoza con sus respectivas expediciones, haciendo huir a Falcón a Francia por el camino de Canfranc.

Lamentable fué aquella crisis militar por la que España atravesó, de continuas sublevaciones y pronunciamientos, aunque al fin, y gracias a jefes pundonorosos del Ejército, se impuso la razón y el buen sentido, unas veces voluntariamente y otras ante la fuerza del poder y del número.

Terminada aquella era de movimientos revolucionarios, Echagüe continuó en su destino, y por Real orden de 5 de Agosto se le otorgó la Gran Cruz de la Real y distinguida Orden Española de Carlos III. Durante los años de 1854 y 55 representó en Cortes el distrito de Huelva, por cuyos intereses trabajó con gran interés. En 1857, permaneció el Mariscal Echagüe de cuartel hasta el año de 1858, que con aplauso unánime de toda la Nación fué nombrado Capitán general de Valencia en 1.º de Julio.

Poco tiempo duró para Echagüe aquel honroso cuanto elevado cargo, donde parecía poder descansar algún tiempo de tanta fatiga y tanto ajetreo de su continuada vida de campaña. No fué así. Porque el 2 de Septiembre de 1859 y por Real orden, fué nombrado Comandante general del Cuerpo de Ejército de observación sobre la Costa de África, aunque por entonces pudo, sin embargo, conservar el mando de la Capitanía General de Valencia. De nuevo comienza una campaña militar glo-