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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

día 22, y convenientemente reforzados, volvieron a atacar los moros con ímpetu avasallador el mismo fuerte, pero de nuevo fueron rechazados por las tropas del General Echagüe.

No se dieron por vencidos todavía, y los días 24 y 25 continuaron los ataques por distintos puntos y con un arrojo increíble de los moros, que en ocasiones llegaban hasta las mismas piedras de los fuertes.

Sobre todo, el combate del día 25 fué gloriosísimo para las tropas españolas y el insigne caudillo donostiarra; pues a pesar de haber ido a la desesperada los moros con fuerzas mucho más superiores que las españolas, y atacando toda la línea militar que aun se encontraba no muy bien defendida, el triunfo del General Echagüe fué completo y glorioso.

Hubo momentos de ataque tan encarnizado que Echagüe se vió materialmente envuelto por el moro, batiéndose personalmente cuerpo a cuerpo, perdido el caballo, herido en una mano, y, sin embargo, continuó batiéndose sin descanso hasta llegar a rechazar a las tropas moras, que no podían soportar por más tiempo el imperio de las tropas españolas.

Como digo, Echagüe recibió en aquel combate una herida de bala en el dedo índice de la mano derecha. Pero dejemos que hable el Cuerpo de Estado Mayor en su «Extracto del Diario de Operaciones del Ejército de África», con el laconismo de la técnica descriptiva militar, que dice así:

«Daban en este día (el 25 de Noviembre) el servicio avanzado del primer Cuerpo de Ejército, que continuaba acampando en el Serrallo, los batallones Cazadores de Cataluña y Madrid, guarneciendo además aquél el fuerte de lsabel II, y estando el otro situado a la izquierda sobre el camino de Anghera.