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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

El brigadier Lasaussaye, que mandaba el centro y la izquierda, reforzó al punto estos batallones con los de Mérida y Talavera, y fué tan eficaz su cooperación, que, después de haber cargado también a la bayoneta algunas de sus compañías, empezó a ceder el enemigo por la izquierda.

En aquel momento fué herido el General Echagüe, Comandante en Jefe del primer Cuerpo, tomando el mando el general Gasset, jefe de la primera división, el que avanzó a la primera línea con el segundo batallón de Granada, dejando en reserva el de cazadores de Barbastro, para precipitar la retirada de los marroquíes, que en ella fueron perseguidos de cerca por las tropas y cañoneados por la compañía de artillería de montaña que avanzó por la derecha y la situada en el fuerte Isabel II, centro de la acción. El regimiento de Borbón siguió igualmente avanzando con sus guerrillas y masas, haciendo huir siempre al enemigo, que dejó el campo sembrado de armas y cadáveres.

Las tropas se retiraron cerca del anochecer al campamento del Serrallo, habiendo tenido en este combate 399 bajas de todas clases.»

Solamente este número de bajas nos dará una idea de la violencia y furor con que unos y otros se atacaban, y, sobre todo, la estima en que los moros tenían aquellas alturas del Serrallo, conquistadas por el General Echagüe, cuando de tal manera se echaban sobre las tropas, subiendo en ocasiones hasta la contraescarpa del foso. Nada les detenía en su ataque ni en su avance. Había momentos en que la metralla de la artillería era insuficiente para contener a aquellos salvajes, que, en medio de alaridos espantosos, parecían tragarse a las tropas, para quienes eran los moros formidables enemigos por su número y su fuerza física.