Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/215

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
195
RAFAEL ECHAGÜE

se habían pedido. El Almirante, pues, solicitaba el envío inmediato de algunos batallones en auxilio de los franceses.

Pero el Capitán General de Filipinas tenía órdenes terminantes del Gobierno para no distraer un solo soldado de las atenciones de las islas. El Almirante, que no ignoraba la existencia de aquellas órdenes, rogaba, sin embargo, al General Echagüe que le sacara de situación tan apurada como en la que se veía, compromiso de honor de que iba a resultar se echase sobre el Gobernador de la colonia en primer lugar, la marina después, y, por fin, el Emperador, la responsabilidad de un abandono que realmente sería un baldón para la Francia. El Almirante llegó a hacer al General Echaglie responsable a su vez ante aliado tan sincero como Napoleón, de fracaso tan grave, de una desgracia de consecuencias tan trascendentales.

A tal punto llevó el marino francés su insistencia, que el General español se creyó en el caso de consultarlo a la Junta de Autoridades, y, no mostrándose acordes los que la componían de cargar con el compromiso de dirigir a Cochinchina con la mayor rapidez posible un batallón de hasta 1.000 hombres. Estos, en su totalidad filipinos, guiados por jefes y oficiales castillas, como ellos dicen, soportaron como siempre, con tal bizarría, que en una corta campaña desbarataron a los sublevados de Cochinchina y los redujeron a acogerse a los montes y pantanos, su abrigo favorito.

Las aptitudes marciales de nuestros isleños, la de resistir los efectos de un clima insalubre tan semejante al de su país, su sobriedad y el valor que les distingue, les proporcionaron triunfo igual al que en unión con los franceses habían conseguido en la campaña anterior, con gloria propia y de su patria España. Luego regresa-