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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

respectivamente, y por orden del día 20 fué autorizado para fijar su residencia en Madrid, en situación de cuartel. Así permaneció durante todo el año de 1873, hasta que por decreto de 5 de Enero de 1874 fué nombrado Director General de Artilleria, continuando en dicho elevado cargo hasta que, el 6 de Abril, fué destinado a las órdenes del Comandante Jefe del tercer Cuerpo del ejército del Norte, D. Manuel Gutiérrez de la Concha, para el mando de una división, sin renunciar, no obstante, al cargo de Director de Artillería.

La nueva guerra que se había encendido en España, guerra fratricida y espantosa, provocada en parte por los elementos revolucionarios, que a toda costa querían imponer sus ideologismos, adquiría caracteres de tanta o mayor alarma que la primera. Si los elementos revolucionarios cometieron y cometían desmanes de todo género en Madrid, la respuesta dada por los partidarios de D. Carlos fué extremadamente sangrienta. ¡Difícilmente hubiera podido sostenerse otra nación, y, sobre sostenerse, vivir progresivamente, ante toda aquella serie de catástrofes que fueron sucediéndose desde la muerte de Fernando VII!

Causa espanto contemplar toda aquella, al parecer, inacabable continuidad de calamidades. Y, sin embargo, ante ei pendón levantado por los partidarios de D. Carlos, tenía que colocarse enfrente la bandera de la Monarquía y de la Reina. Ante los generales carlistas, los generales del Ejército español.

De nuevo, pues, Echagüe acudió al campo de batalla con la espada desenvainada; de nuevo hemos de presenciarle enfermo y herido y batallando, sin embargo, por su bandera, por los principios, por su fe. Ante aquella continuada gravedad de los sucesos, Echagüe, que había alcanzado ya los primeros puestos de la mili-