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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

nación en unos períodos de anarquía espantosa, que a todo trance había que corregir. Ni la fuerte acumulación del ejército en el Norte, ni la ampliación de los planes de campaña, ni el deseo firmísimo que había en el Gobierno de acabar con la guerra, costara lo que costase, dieron resultado alguno. La nación iba de mal en peor, hasta el momento feliz de la Restauración, a cuya sombra la paz fué un hecho y España parecía comenzar a vivir vida de paz y sosiego.

Ya para entonces Echagüe, el 29 de Diciembre del año anterior, presentó, por delicadeza y caballerosidad excesivas, la dimisión del cargo de Director de Artillería, dimisión que no le fué aceptada por el Gobierno de la Regencia el 8 de Enero de 1875. Por Real orden de 30 del mismo mes le fué concedida la pensión de 1.500 pesetas anuales por la gran cruz de San Hermenegildo y abonable desde el 4 de Diciembre anterior, en que por antigüedad le correspondió.

Eran entonces deseos vehementísimos del Gobierno comenzar por las provincias del centro de España la terminación de la guerra, y al efecto se propuso reconcentrar allí un núcleo poderoso de refuerzos, nombrando al General Echagüe, por Real orden del 19 de Febrero de 1875, General en Jefe del ejército del Centro, pero reteniéndole a su vez en el importante cargo de la Dirección General de Artillería.

La situación era en aquellos momentos de lo más apurado y grave. El ejército carlista podía decirse que era dueño de casi toda España. Un golpe de audacia, y la capital de España era de los carlistas. Estaban las vías rústicas conducentes a la capital como monopolizadas por el ejército carlista. Comprendieron esta situación en Madrid, y buscaron la paz por todos los medios, y aprovechándose de la buena disposición en que