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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

Costó mucho, sin embargo, convencer a las masas, especialmente del Norte; hacerles abandonar aquellas bayonetas que aun parecían estar manando gotas de sangre, de batallas recientes. Estaban vivas y fuertes todavía aquellas tropas, disciplinadas y entusiastas, para dejarse vencer. Prueba de esto fué el esfuerzo grandísimo que sus jefes se vieron obligados a hacer cerca de ellas, con temores de insubordinación. Y aunque al fin cedieron, no fué cesión incondicional, sino bajo juramento de que se habían de respetar los Fueros del País Basco-Navarro.

Echagüe continuó en su cargo de Director General de Artillería hasta el 16 de febrero de 1876, que se dispuso por Real orden se incorporase al Cuartel Real para ser de nuevo empleado en el ejército del Norte. Por una nueva Real orden del 24 del mismo mes, fué nombrado Comandante General de Artillería de los ejércitos reunidos bajo el mando de S. M., en cuyo puesto continuó las operaciones de campaña hasta la feliz terminación de aquella guerra, regresando a Madrid y haciéndose de nuevo cargo de la Dirección de Artillería, en cuyo destino continuó hasta fin de año.

Ya el 27 de Marzo juró el cargo de Senador por la provincia de Guipúzcoa, a la que profesaba culto idolátrico, habiendo sido admitido en tal cargo el 22 de febrero anterior. Y aquel mismo año de 1876 fué cuando Echagüe recibió una de esas distinciones que, si por sí solas honran en grado altísimo a una persona, después de lo que hizo Echagüe por su Patria, con aquella historia tan brillante y tan heroica, tan honorable y llena de extraordinarios merecimientos, la elevan a un nivel cuya cúspide piérdese en horizontes de intensas luminarias. Por Real decreto del 12 de Abril se le hizo la merced de Grandeza de España, cuyo documento dice así: