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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

muchos liberales que hasta entonces habían derramado generosamente su sangre por la Reina y por el Gobierno, se preparaban a un levantamiento contra la supresión del régimen foral.

La campaña de la prensa continuaba incesante de insultos y de calumnias. Una ignorancia supina del régimen foral y de este país campeaba en toda aquella extemporánea cruzada. Los momentos eran solemnes y en el país basco se defendían sus instituciones con tenacidad.

La suerte deparó a aquel estadista, D. Antonio Cánovas del Castillo, para colocarse poco menos que al frente de aquel movimiento injusto contra este país y ser el instrumento eficaz para la anulación del régimen foral. Pero antes de hacer comentario alguno por nuestra parte, hemos de exponer aquí el criterio y opinión del Sr. Cánovas del Castillo sobre aquellas inolvidables instituciones bascas. Así el público lector podrá analizar mejor que con nuestro modesto comentario, si el estadista ilustre se mantuvo en tan memorable ocasión a la altura de su reputación y de su saber.

Et Sr. Cánovas del Castillo, en el prólogo de la obra de Rodríguez Ferrer «Los Vascongados», dice así en uno de sus más salientes párrafos:

«Las libertades locales de los vascongados, como todas las que engendra y cría la Historia, aprovechan a los que las disfrutan, y a nadie dañan.»

Y después, en la discusión del Congreso, decía; que «sin la sangre que han derramado los miqueletes, sin la defensa heroica de sus más importantes capitales, ¿qué hubiera sido, no de nosotros, sino del liberalismo español y de los enemigos de sus Fueros?»

Es decir, que por un lado se presenta como partidario de los Fueros, puesto que, según dijo en el libro