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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

«Los Vascongados», a nadie dañaban. Más tarde, en pleno Congreso, ensalza la heroicidad de los valientes miqueletes, en lucha contra las huestes carlistas, probando una vez más con este criterio que el país bascongado, si bien fué foco importantísimo de la insurrección, también supo defender con ríos de sangre a la Reina y al régimen constitucional.

Y cuando llega el momento que la serena frente del estadista debe mirar justicieramente la avalancha de los sucesos que ante su vista se presentan; hacer valer su criterio, y oponerse a todo cuanto suponía coacción y presión, despotismo y malquerencia, en aquellos días de 1876; entonces el estadista que se decía ser enérgico, desmintiéndose a si mismo y desmintiendo cuanto de víspera dijo en libro y discurso, borra toda una brillante, brillantísima historia estampando aquella despótica frase: «Cuando la fuerza causa estado, la fuerza constituye derecho, y es fuente de derecho en la Historia».

Cánovas del Castillo, entonces, lo olvidó todo.

Olvidó a Lersundi y a Echagüe, a aquellos valientes y heroicos generales a quienes tanto debe la Restauración y la Monarquia; olvidó a los voluntarios bascongados; olvidó a aquellos Tercios que también fueron a Africa a defender los derechos de España; olvidó toda la historia de un país cuyos servicios a la Corona espaiiola son incontables y gloriosos; olvidó, en fin -y aquí está la tremenda injusticia-, que si el país basco fué foco de insurrección carlista, también lo fueron Aragón y Castilla; también lo fué Cataluña; también lo fué Valencia; en una palabra, lo fué España entera, porque en toda la nación contaba D. Carlos con fervorosos partidarios.

¿Cuál fué el motivo de la supresión del régimen foral en nuestro pais?