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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

se hacían contra el país bascongado, y publicando en fonna de folleto, más tarde, estudios acabados de derecho foral y, sobre todo, de sentido común. Este gran publicista fué Mañé y Flaquer, a quien también el país basca le tiene en el más lamentable de los olvidos. Mañé y Flaquer no solamenle defendió al país basco y combatió aquel insigne error de D. Antonio Cánovas del Castillo, sino que, adelantándose a éste, en la visión de futuros sucesos políticos y sociales, terminaba con estas fatídicas palabra> uno de los capítulos del folleto que dió a luz, diciendo: «Un contrato se modifica o se rescinde, pero no se rasga. Vean los antifueristas si, dada la situación actual, le conviene a España tener un ángulo de sus fronteras convertido en una Alsacia-Lorena».

El resultado de aquella desastrada y segunda guerra fué la pérdida total de las libertades bascongadas, acentuada cada día más con la indiferencia del país, preocupado en empresas industriales, invadido por el espíritu cosmopolita y con ausencia casi absoluta de un ideal y de una doctrina característica. Bajo su aspecto social, el país quedó total y absolutamente destruido en sus campos y en sus ciudades, en sus villas y en sus aldeas. Y, sin embargo, tan fuerte ha sido la energía de la raza, que, desde el 76 para acá, todo el país se ha convertido en inmensa urbe progresiva, floreciente y trabajadora, teniendo convertidos sus capitales, pueblos y provincias en lugares donde el trabajo constituye patrimonio de bienestar y paz fecunda.

Fué la sombra de la Restauración la que contribuyó a que el país basco desarrollara sus facultades morales e intelectuales del mismo pujante modo que años antes desarrolló sus facultades guerreras. Y así sucede en la actualidad, que no sólo industrial y materialmente va