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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

puso que cesase en él y pasase a la sección de Reserva del Estado Mayor General del Ejército, habiendo cumplido ya la edad reglamentaria; y, autorizada su residencia en Madrid, también por Real orden del día 28, disfrutó bien poco de aquel descanso imperiosamente exigido, hacía años ya, por su organismo cansado, en aquella vida de batallar incesante, por aquella formidable naturaleza, que jamás conoció el abatimiento ni la tregua.

El 23 de Noviembre de 1887, falleció en Madrid el insigne general donostiarra, en medio de la consideración universal y del duelo general de la nación, que veía con el fallecimiento del General Echagüe la extinción de un gran patriota y un nobilísimo corazón, que sacrificó siempre y en todos momentos su vida en aras de la Patria.

Fué en todos sus actos un cristiano y un caballero. Además de la multitud de cargos militares que ejerció y cuya enumeración sería interminable, fué el General Echagüe Diputado a Cortes por Huelva y por el distrito de Córdoba, Senador del Reino y Senador vitalicio, Gentilhombre de S. M. con ejercicio, y las numerosas condecoraciones, ganadas en incontables batallas, que orlaban enalteciendo el pecho de aquel valiente caudillo, llenarían páginas enteras de este libro.

Y si no ostentó los galones de la primera jerarquía del Ejército, no fué debido a falta de merecimientos, sino a su excesiva modestia, que siempre le llevó a lugares aun menos encumbrados de los que Echagüce en realidad, tenía derecho.

Nadie creía, sin embargo, que aquella robusta constitución, llegada como llegó al período de la vida de descanso y de tranquilidad tras del incesante luchar y pelear, había de acabarse, puede decirse, tan prematura-