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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

Porque no cabe la menor duda que Echagüe, al poner la misma cantidad de energía en su alma política como en su alma militar, conocida la historia de los partidos y de sus hombres políticos, la arbitrariedad, que es y ha sido siempre vehículo de multitud de empresas, políticonacionales, cerraría el paso a las suyas, nobles y patrióticas, anulando por completo su personalidad y, sobre todo, su fe.

No. Echagüe fué siempre militar; de espíritu, de acción y de uniforme. Ni lo cambió, ni lo abandonó por un solo momento.

Juzgado como hombre de mundo y de visión gubernamental, tuvo siempre el sentido real de Ja vida. Jamás se metió en atolladeros sin salida, ni aconsejó al Rey D. Alfonso XII más que todo aquello que siempre pudo llevar, con los más sólidos cimientos de la seguridad, a las torres y cúspides más altas del éxito y de la gloria.

¿Con quién compararemos al insigne general donostiarra?

Con nadie. No nos gustan las comparaciones. Fué siempre de los primeros y por sus méritos exclusivos llegó también a los primeros puestos. Causa asombro cómo aquel hombre no pereció en medio de aquella agitada vida nacional. De batalla en batalla en la guerra de los siete años; rodeado de calamidades terribles cuando ejerció el mando de Gobernador militar de las islas Filipinas; reprimiendo sublevaciones en el período de los pronunciamientos, y, por último, en la segunda guerra civil, al frente de cuerpos enteros de ejército y en frecuentes y peligrosísimas operaciones.

Abarcó el momento más agitado de la historia de España de nuestros últimos tiempos. Y, sin embargo, su vida nunca pudo haber nacido con más oportunidad para servir a la Patria.