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De Iturriak
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JOSÉ MANTEROLA

der que nadie cristalizase una obra completa, ni menos definitiva, en ese género de publicaciones como el «Cancionero», si, además de hallarse todo absolutamente desperdigado y suelto, apenas existía ambiente literario!

El hecho del renacimiento euskaro que a raíz de la publicación del «Cancionero» de Manterola, y otros trabajos suyos, se suscitó en el país eukalduna, vale sin disputa alguna mucho más que cuantas obras se hubiesen publicado, sin aquel admirable y patriótico resultado. Aparte de que en eso de la imperrectibilidad de las obras y producciones de cada uno de los autores, se hacen afirmaciones demasiado categóricas. Esta obra -se dice- es incompleta; le falta algo; hay exceso de ñoñez. Está bien. Pero ¿me quiere usted decir si obedecía o no al estado de opinión de su época? Una obra de hoy, escrita actualmente, podrá ser maestra para la sensibilidad de nuestras almas y la cultura de nuestros entendimientos del siglo XIX o XX. Pero ¿lo será igualmente en el siglo venidero o en el de más adelante? ¿Es que no se habrán modificado los gustos, las aspiraciones? ¿No se habrán aportado por los hombres eminentes mayor acopio de materiales y de datos históricos? ¿Es que por ello la obra de los siglos anteriores fué incompleta para el siglo que se escribió y para el ambiente que se produjo?

No. Porque cuando Gebhardt escribió su «Historia de España», para su tiempo, fué una historia que llenaba las aspiraciones de la época. Hoy ni Mariana, ni Gebhardt, ni Lafuente, son autores que llenan las exigencias que la cultura o modalidad actuales piden al historiador y aun al literato. La oratoria de Castelar fracasaría ante el gusto moderno; como el miriñaque sería una ridiculez o una mascarada ante un traje impe-