Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/253

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
233
RAFAEL ECHAGÜE

traídas, sino para apasionarse con ellas, para levantarse conmovido bajo las bóvedas serenas de la verdad histórica; para contemplarlas muy de cerca; pues no están iampoco tan lejanos todavía aquellos tumultos de guerra y de sangre que durante años casi inacabables entristecieron el alma española.

Yo no sé si la actual juventud gustará de esas lecturas que recuerdan nuestras glorias y nuestras tristezas, nuestros lauros y nuestras ignominias. Lo que sí es un hecho de triste realidad que cuando ya todos creíamos que pará siempre terminó la hora de las guerras y calamidades, en aquel mismo paraje, en aquellas mismas alturas que cubrieron de gloria al General Echagüe y al Ejército español, hoy de nuevo surge bélico el alfanje moro, contestado valientemente por el maüser español.

Bien es verdad que, ante las cosas pasadas en estos últimos años, difícil encuentro que haya nada que conmueva a la nación y conciencia españolas, porque el patriotismo del que tanto se blasona y que no se traduce en himnos, ni en músicas, ni en signos, ni en líneas exteriores, sino en aquella vibración del alma que lo mismo se conmueve ante la página de un clásico, como ante un recóndito objeto de arte, como ante el rumor de los caballos en el campo de batalla; ese patriotismo que ha de traducirse siempre en hechos, ese muy pocas veces lo he visto ni lo veo por parte alguna. Y como no lo veo, tampoco puedo pretender que ni la juventud ni la ancianidad se interesen por páginas ni libros que son la misma alma nacional, sangre de su sangre, vida de su misma vida.

Pero ¡qué remedio cabe ante una tan triste realidad! Ceñirse siempre a lo que somos y a lo que estamos. Cuando no veamos pasiones, cuando no veamos calor que exalta el alma nacional, vayamos a sondear sus