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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

este aspecto, que era precisamente el distintivo de Echagüe, no fué militar en el sentido ordenancista y de mando que a esta palabra pudiéramos darle. De ahí aquellas sus grandes simpatías, el general aprecio y hasta cariño con que la nación entera le distinguía.

Echagüe, en unos momentos de horrores, de sangre y de exterminio, optó siempre, si no por el perdón, por lo menos por la misericordia. Su serenidad, su continencia en el mando, sus intuiciones todas, eran siempre generosas. Claro está que ello no quiere decir que Echagüe eludía la ley del castigo, ni el cumplimiento de la ley, ni la misma enérgica represión, cuando era necesaria y así lo demandaban las necesidades sociales.

Pero así como el escepticismo de un poeta puede muy bien rimar, con filamentos de oro, un amor profundo y luminoso, así también el temperamento suave y tolerante de un militar puede llegar con la misma facilidad a atizar la hoguera llameante de los fusiles de un consejo de guerra. Y en esto no hay abdicaciones ni rebeldías, sino simplemente el reflejo de la ilación entre la causa y el efecto.

Glorifiquemos, por lo 1anto, la memoria de tan insigne general; proclamémosle como a uno de los militares más valientes, más patriotas y de mayor espíritu de tolerancia. Su memoria no debe quedar como uno de tantos recuerdos arqueológicos, sino como algo vivo y personal de este país basca, que sobrenade sobre el mar inmenso de la inmensa indiferencia.

Echagüe fisicamente considerado, fué sencillamente una figura. Nada de arrogancias¡ nada de postizos. Alto, erguido, de mirada noble y frente serena. Respondía a maravilla su físico a aquella alma suya nobilísima tamhién, austera y límpida.

Bajo aquel espléndido y luminoso uniforme de Jefe