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De Iturriak
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RAFAEL ECHAGÜE

pueblos y países se presenta con idénticas formas y caracteres, comentaba aquella decisión de la distinguida señora a raíz de la muerte de su esposo. Y sus íntimas, hasta llegaron a decirle algo en ese sentido.

Ella, sin embargo, continuó la vida de costumbre, pero al vencerse el plazo fijado a sí misma para entrar en Religión, ingresó en ella, siendo al poco tiempo destinada a Filipinas y nombrada como Superiora de una de las casas de la Orden.

Los lectores de este libro habrán visto cómo acaeció al General Echagüe la desgracia de su esposa, que, según, acabamos de decir, era íntima en su trato de la que más tarde fué Hermana de la Caridad. Pues bien; por fatales y tremendas coincidencias de la vida, la señora del General Echagüe, atacada del cólera cuando el General se encontraba de mando en Filipinas, tuvo la suerte de morir en brazos tan cariñosos como los de aquella amiga suya que en el mundo la demostró ser leal, fiel y cariñosísima.

Y aquí, con este simple relato en su forma, elocuente en el hecho, terminaremos este ensayo del estudio de la vida del ilustre general donostiarra, a quien siempre recordaremos como a uno de los caracteres más sencillos y nobles, cuya nobleza y sencillez diéronle aquella innata sabiduría social, que sólo es patrimonio de espíritus superiores.