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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

rio, o directorio; y así en todo. No vayamos, pues, a cercenar en lo más mínimo una obra que, no solamente cumplió su cometido hasta con exceso, sino que aun hoy puede resistir fácilmente el análisis de la crítica. Demos, sin embargo, un vistazo al estado social y de cultura de aquel San Sebastián del tiempo de Manterola.

Lo que puede llamarse cultura literaria, que es la única llamada a dar su verdadero valor y apoyo a trabajos del género del «Canttcionero» puede decirse que era nula. Ella se encontraba reducida a media docena de caballeros que en su mayoría alimentaban un fondo adverso a aquel género de publicaciones. Si es verdad que existió un Ateneo de relativa importancia, no respondía en cambio al menor deseo, preocupación ni necesidad social. Fué un trabajo y una creación puramente particularista. donde algunos señores podían exteriorizar sus facultades y su cultura. Y precisamente. como veremos más tarde, Mantcrola era uno de éstos que con más calor discutían las cuestiones. Pero, como digo, esto, en mi sentir, no tenia importancia alguna literaria. faltaba ambiente. Y que es exacto cuanto afirmo, bastará con exponer al lector el detalle de que era tan grande el retraimiento del pueblo a toda fiesta o producción de carácter literario, que aun el Teatro Principal se encontraba la mayor parte del año cerrado. De vez en cuando, y casi siempre con algún motivo humanitario, solían darse conciertos y fiestas en las que tomaban parte aficionadas y aficionados, y entonces se congregaba en alguno de los teatros que San Sebastián poseía, la flor y nata de la sociedad donostiarra.

Cuentan las crónicas de aquellos tiempos que el 13 de Junio de 1878 se verificó en el Teatro-Circo (hoy Residencia de los Jesuitas) un gran concierto vocal instrumental a beneficio de las familias de los náufragos