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De Iturriak
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Venancio Minteguiaga



NACÍA Minteguiaga en una época en que las pasiones, agitadas por mal digeridas lecturas, continuaban, hacía ya más de un cuarto de siglo, pretendiendo demoler las doctrinas y costumbres tradicionales que en España existían. Parecía que la Providencia traía al mundo a aquella criatura, para forjarse en las fraguas de un empeñado combate espiritual, precisamente en el momento álgido y culminante de la batalla.

Era el 1.º de Abril de 1838 cuando Minteguiaga venía al mundo, y San Sebastián, esa gran ciudad, admirada por su energía y admirable por su actividad, la cuna del que más tarde había de ser, como su pueblo, admirado también por su talento. Ya para entonces; ya para el año 38, la ideología que comenzó a infiltrarse en España mediante la forma legal de las Cortes de Cádiz,

aquella ideología de la que decía Napoleón que había de convertir a Francia en ruinas y en sangre, sacudió lo que los ideólogos llamaban formas rancias de la política y nación españolas, y corriendo cual furioso vendaval los cuatro ámbitos de la península, logró cristalizarse en