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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

los múltiples organismos sociales, planteando, ipso facto, una lucha cruel y tenaz. entre los espíritus, lucha que continúa abierta y despiadada en nuestros días.

Es fenómeno inherente a los pueblos y naciones decadentes el apropiarse, plagiando, cosas e ideas de las naciones o pueblos vecinos, no asimilándolas para formar más tarde un cuerpo homogéneo, sino copiándolas. De cuya copia resulta vencida una personalidad, en general, por otra más fuerte. Es decir, que la personalidad española, en lugar de formar un cuerpo espiritual homogéneo, con idealismos que necesariamente habían de influir sobre ella, claudicó y dejóse vencer por el extranjero.

De ahí vino la heterogeneidad de su formación, causa esencial de los grandes males, de las grandes luchas y de los trastornos sociales que, desde las Cortes de Cádiz para acá, vamos presenciando los españoles.

Aquella heterodoxia afrancesada, a las claras defendida y descubierta en gran parte de la prensa; aquellos pseudofilósofos españoles, traductores al menudeo de toda una filosofía francesa que ni aun en Francia pudieron hacerla prosperar; aquellas campañas de difamación, de calumnias, de aniquilamiento, en una palabra, de cuantos derechos de la Iglesia fueron hasta el día respetados; aquel estado social de continuado socavamiento y destrncción, comenzado con la libertad de imprenta y terminado -digo mal- y continuado con cuantas arbitrariedades se pueden ver aún hoy en nuestros días, trajo, como consecuencia, persecuciones sin cuento, coronadas fielmente con la estéril y famosa revolución de Septiembre.

Aquella época turbulenta fué la que Minteguiaga vió en su niñez, y aún más tarde, cuando ya vestía la sotana de jesuíta.