Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/265

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
243
VENANCIO MINTEGUIAGA

lo indiscutible; la filosofía alemana, importada; las teorías más estupendas en el arte, en la literatura, en las ciencias históricas y políticas.

Tubí, Mata, Pí y Margal!, Castelar, Sanz del Río. Teorías de Hegel, Krausse y otras más, por un lado; por el otro, Donoso Cortés y Salmes. Brillantes impugnaciones de materialismo y formidables polémicas sobre los puntos y las doctrinas más complicados de la filosofía. Se hablaba del hegelianismo histórico.

Lo que en Francia había sido ya desechado por inservible, en España se adquiría como última novedad a precio fabuloso. Y en medio de aquella contienda, en medio de aquel linaje de doctrinarios que parecían iban a acabar con las creencias españolas, fué cuando Mínteguiaga creyóse con fuerzas suficientes para una vida de mayor perfección en el servicio divino, fuerzas que, como verá el lector más tarde, fueron empleadas en la impugnación de los errores más trascendentales y en la defensa de principios sacrosantos.

Era el 15 de Septiembre de 1860. Minteguiaga medita. Minteguiaga conoce, con la prioridad de un alma escogida, lo efímero de esta vida: Dirige una mirada de águila a cuantos elementos le rodean. Y sólo a Dios y para Dios quiere vivir, consagrándoscla por entero. Le parece todo tan insignificante mientras no se dirija a su fin último, que para conseguir la mayor perfección decide cambiar el hábito de sacerdote por la sotana de jesuíta, y entra de novicio en la Compañía de Jesús.

Llevaba allí toda su fe, todo su entusiasmo y toda aquella ciencia adquirida con una disciplina de estudiante modesto y aplicado. Entre aquellos muros y bajo aquellas bóvedas del Colegio de Loyola, en aquella Casa donde nació el primer guipuzcoano Íñigo de Loyola y uno de los genios más estupendos que conoce