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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

incrédula, y escrita en la tabla de los derechos del hombre y del ciudadano, y en todas las constituciones modernas, incluso la de 1876, donde pereció desdichadamente la unidad católica hajo el influjo de tales principios.»

El Sr. Ortí y Lara termina tan profundo y modelado prólogo aludiendo al libro del P. Minteguiaga y a él mismo, a quien le otorga el título de verdadero sabio, palabra de la que hoy tanto se abusa. Y dice, terminando: «Justo es atribuirle este honor, o, para hablar conforme al uso y al espíritu de la insigne Compañía a que pertenece, justo es atribuir a Dios la gloria que se manifiesta en ESTE INSIGNE MONUMENTO de VERDADERA SABIDURÍA, adonde verdaderamente deben volver los ojos los que la amen y la busquen, prefiriendo la luz que en ella resplandece a las tinieblas formadas por los errores que en la misma se miran descubiertos y reducidos a perpetuo e ignominioso silencio».

Efectivamente, nunca podrán estar mejor expuestas ni más brillantemente condensadas, en un prólogo, las ideas que constituyen el alma mater del libro del Padre Minteguiaga. Ya dijimos, al comenzar este ensayo, que parecía haber nacido Minteguiaga en el momento histórico en que las ideas por él rebatidas comenzaban a desarrollarse en la nación, sancionadas ya por mentalidades oficiales y por políticos, enamorados del ideologismo extranjero.

Tan importante es la materia que en «La Moral Independiente» trata el P. Minteguiaga, como peligrosa la exposición a fracasar en la empresa. Pero el P. Minteguiaga no solamente evitó el fracaso, sino que llegó a la cúspide del triunfo, como polemista, como inteligencia razonadora y serena, como profundo conocedor de ciencia jurídica, filosófica y teológica.