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De Iturriak
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VENANCIO MINTEGUIAGA

Por desgracia, la moral independiente campea hoy en casi toda la legislación europea, y si no campea, por lo menos va infiltrándose de modo paulatino y sagaz. Sin emhargo, en Francia ha llegado adonde más lejos puede llegar una legislación basada en principios francamente ateos. En España no faltan de continuo las intentonas, tanto en la enseñanza como en la legislación.

Cuando el P. Minteguiaga escribió su libro «La Moral Independiente», ni en Francia ni en España habían llegado al grado a que han llegado hoy las corrientes ateas. Fué ese libro como una especie de llamada, toque de atención o avanzada de los gritos de alarma de una conciencia católica.

Claro es que cuando a Hegel y a Kant se les glorificaba en Francia por publicistas que hoy no pasan de ser positivistas más o menos aceptables, como Taine, por ejemplo; en España apenas si a aquellos filósofos se les conocía más que de oídas, excepción hecha de unos cuantos profesores e ideólogos. Pero como cuanto en Francia penetra y se pregona, al momento comienza España a imitarla; nuestra nación se fué haciendo, poco a poco, al espíritu, si no ateo, filosóficamente hablando, por lo menos en ciertas formas políticas y en determinados organismos oficiales.

Bien es verdad que han ido en aumento las ediciones de «La Moral Independiente», del P. Minteguiaga; pero fijémonos, por otro lado, en lo que ha perdido la conciencia, el espíritu de la legislación católica y las reformas sociales, en general, desde las Cortes de Cádiz para acá.

El fundamento esencial del libro del P. Minteguiaga estriba sencillamente en que sin Dios no puede existir la moral; que esa moral ha de ser consecuentemente religiosa, y que sin este fundamento religioso no puede