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De Iturriak
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VENANCIO MINTEGUIAGA

las tristes consecuencias que preconizaba al defender teóricamente su tesis?

¿Y hay hechos más elocuentes, tristemente elocuentes, que los que acabo de citar?

No necesitó esforzarse tanto el P. Minteguiaga en demostrar lo que al cabo de algunos años había de verse en la realidad viviente. V sobre el problema de la despoblación en Francia, la opinión recientísima de uno de sus más reputados economistas coincide precisamente con cuantos argumentos ha aducido el P. Minteguiaga sobre la moral independiente.

Paul Leroy-Beaulieu, en El Economista Europeo del 15 de Junio de 1912, hablando sobre el problema de la despoblación, dice: «La causa de la baja conslante de la natalidad en Francia es bien conocida; es UNA crisis MORAL, o MÁS BIEN INMORAL; es la voluntad de reducir la familia al mínimum».

Kant, Rousseau, Coignet, refutados por el P. Minteguiaga en su libro «La Moral Independiente» bajo su aspecto filosófico, refutados quedan ante la triste realidad de la práctica de aquellas teorías.

El mismo P. Minteguiaga, entresacando textos de Aparisi, dice: «Si no hay Dios -decía con su franca y enérgica expresión el elocuente Aparisi en sus escritos-; si no hay Dios, estoy por Bentham, por la utilidad; estoy por Hobbes, por la fuerza. Sépalo el mundo; la fuerza es el derecho; la utilidad es la moral».

Y, efectivamente, eso ha sucedido en Francia. Ladrones, criminales y egoístas, no han hecho, en la práctica, más que recordar y cumplimentar los principios de la moral universal del derecho nuevo.

¿Es que, lógicamente hablando, tienen derecho los gobernantes que pregonaron esto último defendiéndolo hasta entre las más ínfimas capas de la sociedad francesa,